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viernes, 15 de octubre de 2010

AMURGA, DESDE EL LLANO...

 El Llano desde Amurga. Foto: Iherba en Albumes Picasa
EDUARDO GONZÁLEZ PÉREZ.
El Mentidero nº28. 2007. Boletín Informativo de la Federación de Salto del Pastor Canario.

Desde muy pequeño Eduardo González ha estado “trastiando entre las patas de los pastores y sobre su mundo ando tiempo recopilando datos y detalles”. También es miembro de la Federación de Salto del Pastor Canario; formó parte del colectivo Grupo Etnográfico El Salem, de La Aldea, de la jurria El Guirre, de Mogan, y ahora pertenece a la jurria Jaira, de Agüimes- Ingenio. “Como alumno personal del fallecido Maestro Manuel Guedes, pastor afincado en Casa Pastores aunque de procedencia cumbrera, y que fue reconocido como "Maestro de Maestros" por la Federacion de Lucha del Garrote, lleva tiempo escribiendo una especie de novela, que lo tiene a él y su familia como protagonistas”. ( Revista digital Pellagofio.com)

Fue en el llano donde les empezó la cumbre. De vez en cuando aquellos chiquillos abandonarían sus juegos de cañas y corchos y dándole la espalda al mar mirarían para dentro, para la isla. Entonces la visión que ante sus ojos se abría era la de un largo y extenso llano al que un lejano soco de montañas lo separaba del cielo.
Barranco Hondo. Foto: http://blog.consejovecinoscastillo.org/
Y en ese cielo claro y azul es donde veían caminar al sol, un sol inmensamente amarillo que enmorenaba sus pieles pobremente cubiertas por escasas ropas, un sol que al terminar el día se escondía al atardecer por aquellas montañas, que siempre estaban ahí, y que de una forma temerosa sobrecogían sus corazones infantiles, puesto que eran ellas las que presentaban la noche, esa oscuridad inminente donde acababa su tiempo de luz y juegos.

Fue en el llano, en Casa Santa, donde fueron a dar descanso a sus mareados huesos contra las tablas de simples cuarterías aquellos campesinos que buscaban la tierra donde sembrar la vida de sus hijos. Y son sus hijos estos chiquillos de los que les hablo, los que nacieron a orillas del barranco, paridos por madres que pintaban de verde sus tomateras manos, madres que, a escondidas de los patrones y de sus injuriantes penas que aún el alma no ha conseguido curar, plantaban las pocas coles y rábanos que acallarían sus pobres estómagos, madres que con la ayuda de Lolita “la negra”, la partera, empujaban a andar por los surcos de tierra seca y polvarejienta su ilusionante futuro.

Fue en el llano, cerca de Doctoral, donde se harían casas y algunas escuelas. Y en el colegio aquellos chiquillos tuvieron la suerte de tener buenos maestros, de aquellos que pedían a gritos la reforma educativa que el anterior régimen se empeñaba en aniquilar. Corría en el calendario los años setenta y entonces aquellos maestros empezaron a enseñarles lo que era un cardoncillo y un guirre, lo que era un labrador y una bandera, lo que eran los americanos y una de sus bases en nuestra tierra. También los llevaban de excursión, y supongo que esa falta de presupuesto para alquilar guaguas era la que los hacía salir siempre caminando desde el colegio. Y caminando siempre enfilarían barranco arriba donde visitarían El Samarín y sus acequias, mas arriba aún las Fortalezas, y ahí subían al risco que le daba nombre a su colegio, Ansite. Y nos llegó la hora de oír nombrar a Bentejuí y su coraje, y era entonces cuando veíamos las montañas más de cerca.

Amurga desde el Bco. Tirajana. Foto: Iherba en Albumes Picasa

También, siempre desde Doctoral, cruzaban el barranco hacia Aldea Blanca y cogían el camino que los llevaba al Gallego, o la antigua carretera de la presa de Amurga, que la dejaron de hacer por falta de dinero, gastaron demasiado en construir los muros de la pista de tierra que ésta nunca llegó a alcanzar su presa. Otras veces, y junto con alumnos y maestros del colegio Cumbrecita de Amurga, de la Aldea Blanca, se adentraron en el Barranco de Las Palmas y visitaron su palmeral. Y como aquellos chiquillos querían ser buenos alumnos se esforzaron por aprender. Ricardo, uno de los maestros, se empeñó y los metió de lleno en el mundo de la flora, tanto que a los aldeanos los llevó gratis a la isla de La Palma, que ese era el premio del concurso de flora Sventenius que se realizaba en aquel entonces para escolares.

Por otro lado, Claudio les hizo dormir la primera noche al intemperie, y a la luz de la luna le empezaron a perder miedo a la montaña. Ahora miraban el atardecer con otros ojos y esas montañas que escondían al sol adquirían otro sentido. Ahora ese tiempo de oscuridad y noche que ellas precipitaban dejaban de ser temores y miedos que los asustaba de niños y los invitaban a crecer en el mundo de los hombres y las mujeres. Quizá éste fue el regalo de Claudio, que también los llevó a La Palma de viaje de fin de curso, y allí, en Taburiente, fueron bautizados en un gran lago efímero. Seguirían jugando con botas y sacos de dormir durante mucho tiempo, y tanto tiempo debió ser que aún perdura ese juego entre sus vidas y las nuestras. Las montañas de la isla, los barrancos y riscos, los andenes y caminos, laderas y charcas les descubrirían un espacio del que querían formar parte, y Amurga en particular se convirtió en la madre adoptiva que los recogió con sus interminables brazos en forma de barrancos espaciosos y con esa ternura árida de sureste los invitó a sentir su corazón.

Almogaren Amurga y al fondo el llano en Maspalomas. Foto: Iherba en Albumes Picasa

Si les describo esta parte de Canaria desde el punto de vista que el llano me proporciona sería una descripción real y bastante aproximada a la que uno ve y conoce, pero si quisiera enseñarles lo que las aguilillas y cernícalos ven, tiraría mano de los mapas cartográficos y de algunas imágenes trimidensionales para decirles lo que ya han dicho otros: La cumbre de Amurga es una cuña de este pastel canarión que tiene el barranco de Tirajana por un lado y el de Fataga por otro, y que baja en forma de rampa descendente y sinuosa hacia el sur-sureste hasta besar las aguas del Atlántico.
Lixiviados del Vertedero y Juncalillo al fondo.
Foto: http://blog.consejovecinoscastillo.org/

Juncalillo del Sur es uno de estos besos, un beso donde el verdor desafía a la sequedad y a la sal, escondiendo luego la saliva bajo sus piedras. Beso de tarajal y palmera que revuelca al viento con sus ramas. Un enorme y ancho beso de más de 190 hectáreas separado de la isla por la carretera del Sur, la C- 812, entre los puntos Km 42 y 45 y recubierto por los aluviones que arrastraron las barranqueras de Bco. Hondo y Las Palmas, sus principales amantes. La larga ola de cantos rodados que conforma la línea de su marea tropieza al sur con el morrete rocoso que lo separa del Aeroclub. Las viejas y abandonadas salinas, las más antiguas de la isla, se entierran en sus goros de charcas y piedras. Balos y junqueras que nos hace olvidar la cercanía del vertedero de basuras que, a poca distancia, ahoga al Barranquillo del Salinero. Fue declarado Sitio de Interés Científico por la Ley 12/94, de 19 de diciembre de Espacios Naturales, con lo cual sus salinas seguirán abandonadas, lo mismo que se sienten abandonados, muy cerca de Juncalillo los habitantes del pueblo de Juan Grande, barrio situado enfrente de la Iglesia de la Ciudad Condal, que cada lunes piden en la calle que la Ley les libere del cáncer del vertedero antes señalado.

Con la mirada que ponen en el horizonte las aves migratorias que frecuentan las junqueras y cañalizos de Juncalillo del Sur y desde este mismo sitio echamos la vista hacia las montañas. Así podemos contemplar el arco que rodea el barranco de los Ahogados y las paredes cortadas del barranco de Las Palmas. Entre medio de estas dos asoma tímidamente la cabecera del barranco de Las Culatillas marcada claramente por las llanas lomas que rompen sus riscos hasta el fondo de estos barrancos. El Lomo La Madera se antoja ancho y fácilmente accesible. Hacia el oeste divisamos la montaña Las Tabaibas, elegida para la instalación de antenas de comunicación por su indiscutible condición estratégica de atalaya. En el centro el alto de Garita nos engaña simulando ser el mas alto, escondiendo detrás la cumbre de Amurga.

Amurga y Vertedero de Juan Grande. Observese la tierra muerta. Foto: http://blog.consejovecinoscastillo.org/

Merece la pena viajar en guagua hasta el sur para ir viendo y atravesando todos estos barrancos y barranquillos que se descuelgan de esta cumbre. Muchos se podrían nombrar desde que cruzamos el puente que atraviesa el barranco de Tirajana: El Barranquillo del Rodeo, que recoge las aguas internas de los llanos de La Aldea para llevarlas al mar por el Castillo del Romeral. En el mismo Juan Grande se empieza a abrir la ancha desembocadura donde se unen los barrancos de Las Palmas, Las Culatillas, Los Ahogados, el de Lomo Gonzalo y el de la Cebollería, que llevan sus aguas hasta que Juncalillo se las traga o las deja correr. El Barranco del Draguillo va hacia la Playa Corral de Espino, donde las antiguas salinas, y el barranquillo del Salinero no lleva agua ninguna puesto que una gran pared de tierra tapona su cauce que es usado como gigantesco vertedero, festín para las gaviotas y desgracia ecológica para los vecinos más próximos... Barranco Hondo es inconfundible por tener en su entrada sus vísceras al aire, producto del trabajo de la machacadora de piedras ubicada en su cauce. El barranco de la Mesa de Berriel es cerrado por la presa de Bonny y pasando la Montaña la Tabaibas se nos descuelga el barranco de Berriel. Seguimos hacia el sur donde esperan Tarajalillo, Barranco del Águila, Morro Besudo, San Agustín, Barranco del Toro, Barranco de la Fuente y por último, en San Fernando de Maspalomas nos recibe el barranco de Fataga.
Amurga, Autopista y Machacadora de Piedras. Foto: http://blog.consejovecinoscastillo.org/

Si hacemos el recorrido de vuelta, desde el sur, volveremos a divisar todas esas lomas suaves que acercan la montaña a la costa. Esas suaves rampas fueron utilizadas como cultivos de tomateros y aun perduran en ellas restos de acequias y cuarterías, fósiles de un pasado no tan lejano.

Hacemos parada en Juan Grande, donde sus habitantes se reúnen todos los lunes en la rotonda de la carretera del Sur. Protestan por el daño que les está produciendo el vertedero de basuras que tienen a escasos kilómetros de sus casas. Los políticos se reúnen en sus despachos en busca de soluciones. Y entonces les plantean ubicar una prisión provincial en los Llanos de Juan Grande. Lógicamente una prisión es necesaria en esa zona. Si no, y aplicando la ley 12/94, de 19 de diciembre ¿donde encerrarían a todos los gamberros y terroristas que inventaron semejante vertedero? ¿Dónde a los que se comen la montaña en Barranco Hondo sin ningún tipo de pudor? ¿Dónde a los que ubicaron la central térmica en nuestras costas, al lado de nuestras casas y nuestros hijos, en el Matorral? ¿Dónde a los que instalan en nuestros barrancos pueblos de indios y vaqueros para vender calidad de turismo? ¿Dónde a los que inventaron parques temáticos en plan “guanchitos Park” pisoteando restos arqueológicos de nuestros antepasados? ¿Dónde, por el puto dios, a los que piensan en circuitos de “alta velocidad” para nuestros barrancos? Amurga necesita en sus llanos una cárcel porque ya ha tenido demasiados ladrones.

Eduardo González.
Obras de la Macro Cárcel y Vertedero y Amurga al fondo. Foto: http://blog.consejovecinoscastillo.org/

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