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miércoles, 29 de febrero de 2012

EL MOTÍN DEL SUR DE GRAN CANARIA DE 1718-19. (1ª Parte)

Representación del motín, grupo Bejeque. www.afbejeque.com

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

Con el nombre de "Motín de Agüimes", se conocen unos hechos que se desarrollaron en el sur de Gran Canaria, en 1718-19, cuando la mayoría de los vecinos, dependientes de una manera u otra de Agüimes, se sublevan contra la compra de tierras situadas en Aldea Blanca, Llanos de Sardina y Castillo del Romeral, que hasta la fecha eran realengas, pero que los campesinos y pastores explotaban para poder subsistir. El comprador de las tierras era Francisco Amoreto, antecesor de los futuros condes de la Vega Grande y propietario de las tierras de Juan Grande.

Los hechos van adquiriendo mayor gravedad, a medida que se van desarrollando, en un primer momento en las tierras donde hoy se asienta Doctoral, Aldea Blanca y la casa condal de Juan Grande, para pasar al pueblo de Agüimes, sitiado por los propios vecinos y luego a la misma ciudad de Las Palmas, que es tomada por los campesinos de toda la isla y donde es retenido el Capitán General de Canarias. Finalmente el Rey se ve obligado a resolver el problema, retornando todas las tierras a los campesinos y pastores.

El Rey asume esa solución porque se encuentra en juego la españolidad de las islas, puesto que en aquellos momentos España se encuentra en guerra con Inglaterra, y al no tener un ejército regular, son los propios canarios amotinados, que constituyen las milicias canarias, los responsables de la defensa de la isla.

Debido a la extensión del tema que nos ocupa, el mismo será desarrollado dividido en varios artículos, en nuestro blog.

FUENTES DOCUMENTALES.

Casas de Amoreto en Juan Grande.

En la descripción de los hechos vamos a seguir fundamentalmente a Antonio de Bethencourt Massieu, que en su artículo "El Motín de Agüimes - Las Palmas (1718-1719)", publicado en Anuario de Estudios Atlánticos en 1987, hace un profundo y detallado relato de los hechos ocurridos en esas fechas. A su vez el libro está basado fundamentalmente en el contenido del legajo 305 de la sección "Consejos Suprimidos" del Archivo Histórico Nacional, que es el expediente originado por el motín de 1718 y en el cual se encuentra la abundante documentación relacionada con los hechos.

Bethencourt Massieu, catedrático de Historia Moderna, rector de la Universidad de La Laguna y decano de la Facultad de Geografía e Historia de la UNED, presidente de la Academia Canaria de Historia, entre otros muchos cargos y méritos, es uno de nuestros mas prestigiosos historiadores, que hoy día, a su avanzada edad continúa su fructífera labor investigadora.

En 2003, los historiadores Vicente Suarez Grimón y Pedro C. Quintana Andrés, sacan a la luz "Historia de la Villa de Agüimes", publicación en dos tomos que supone un estudio excepcional de la historia de la zona sur de la isla desde 1486 hasta 1850. En esta obra se aportan e interpretan más datos sobre el motín de los que también nos haremos eco en nuestro artículo.

Por último aportaremos nuestros conocimientos sobre los principales personajes intervinientes en la historia y nuestra visión del motín en referencia a nuestra zona.

EL SEÑORÍO EPISCOPAL DE AGUIMES.

Iglesia antigua de Aguimes, con la nueva al fondo.

El Señorío de Agüimes era un señorío territorial, bajo jurisdicción eclesiástica, donde los obispos eran dueños absolutos de las tierras y de sus frutos, “pudiendo arrendar, cobrar la renta y todas las otras cosas del lugar y Heredamiento de Agüimes”. Asimismo, les correspondía el derecho de nombrar al alcalde (ordinario), que no era único pues había otro de nombramiento real por parte del Cabildo, el gobierno de la Isla. Los conflictos del obispado con el Cabildo y con el Gobernador, debido a esta doble administración fueron frecuentes a lo largo de todo el Antiguo Régimen.

La villa de Agüimes era cabeza del señorío, perteneciente a la Cámara Episcopal de Canarias desde 1486. Los dominios del Obispo abarcaban los municipios de Agüimes e Ingenio, hasta Gando en los lindes de Telde y hasta el Barranco de Balos, aunque en realidad la parroquia también atendía a los términos de Sardina, Aldea Blanca y Las Salinas (Juan Grande y Santa Cruz del Romeral) que jurisdiccionalmente pertenecían a Tirajana, y allí se enterraban todos los fallecidos en estos pagos, e incluso los de Maspalomas y Arguineguín. (Ver nuestro anterior artículo: NUESTRA DEPENDENCIA RELIGIOSA Y ADMINISTRATIVA DE AGÜIMES. )

Según Bethencourt Massieu, la aridez del suelo y la necesidad de riego en invierno para asegurar la cosecha de cereales explica que al producirse el crecimiento de la población, sus habitantes roturaran y pusieran en cultivo las tierras de realengo de Sardina y Llano del Polvo (actuales Doctoral y Vecindario) en un primer momento, y más tarde roturaran las de Aldea Blanca, Las Salinas y otros términos.

El alejamiento de Las Palmas y la dificultad de un control estricto por el Cabildo y la Audiencia facilitó la puesta en cultivo ilegalmente y las obras de riego para aprovechar las aguas del Barranco de Tirajana. Estos procesos comienzan en el siglo XVII y continúan en el XVIII.

En nuestra zona hay 108 fanegadas (566.000 m2), en el litigio, creemos que eran las tierras lindantes con la Casa Fuerte en las que se construyeron las Salinas. Por otro lado estaban las tierras del “Tabaibal del Castillo", tierras “montuosas”, que llegaban hasta el Barranco de Tirajana, que eran tierras realengas, explotadas para pastos y pensamos que entraban en la compra que había hecho Amoreto. Después del motín continuaron como realengas y con el paso del tiempo, fueron las utilizadas por los Guedes para el pasto de su ganado.

LOS PERSONAJES PRINCIPALES DEL MOTÍN.

Francisco Amoreto Manrique. Dueño, además de otras tierras, de las del señorío de Juan Grande, que comprende tierras de Aldea Blanca, Juan Grande, lo que hoy es Juncalillo y Tarajalillo. En Juan Grande construye, la después llamada Casa Condal, que son sus casas en Juan Grande, además de las casas canarias a dos aguas, aún existentes hoy día, para sus medianeros. Es sargento mayor del Regimiento de Telde y yerno del coronel del Regimiento, Fernando del Castillo Olivares, al mando del mismo. Propietario de las Salinas de Abajo (La Tabaibita) y parte de las del Castillo (las que están más al sur, junto al “Balache de los muertos”). Pretende comprar a la corona las tierras de realengo explotadas por los campesinos y pastores de la comarca.

Cristóbal de la Rocha Bethencourt. Teniente coronel y posteriormente a los hechos coronel del regimiento de Telde, propietario de las salinas del Castillo y de la Casa Fuerte y Alcaide de la misma. Cristóbal de la Rocha se pone al lado de los vecinos desde el principio, sobre todo porque en la disputa se encuentran 108 fanegadas de sus tierras de las salinas, que empezaron a ser explotadas por su suegro Antonio Lorenzo Bethencourt (fundador de la Casa Fuerte) y que paga anualmente el real por fanega al Cabildo.

Según Grimón y Quintana, las casas de Amoreto y Rocha tienen una rivalidad creciente buscando la hegemonía en Telde y en el sureste de Gran Canaria. Disputan en tierras y también en el mercado regional de la sal pues las salinas más importantes del Archipiélago se encuentran en Castillo del Romeral, e incluso la casa Rocha posee la fortaleza mejor pertrechada de las islas en cuanto a hombres y artillería. Se habla incluso de disputas por la calidad de la sal de las respectivas salinas.

Por otro lado, Amoreto no paga diezmos a la iglesia mientras que la casa Rocha debe apartar en las salinas un décimo de la producción para este impuesto, a pesar de correr con las gastos de la Casa Fuerte para proteger a todos los pesqueros de la piratería, lo que incrementa la rivalidad. En "Los Tirajanas de Gran Canaria", su autor, Santiago Cazorla León informa de un largo pleito de Antonio Lorenzo, constructor de la Casa fuerte, con la iglesia por este motivo.

La rivalidad se acrecienta porque ambos pretenden el coronelato del regimiento de Telde. En el momento del motín, Rocha era coronel electo del regimiento, nombrado por el Rey, aunque debido al motín, el capitán general retiene el título en su poder. (El motín de Telde de 1723. Vicente Suárez Grimón.)

En la villa se establecen dos bandos, uno a favor de Amoreto y otro de los vecinos que nombran a Rocha su portavoz.

Los personajes que están con Amoreto son: Diego de Tolosa, oidor (juez) decano de la Audiencia, juez comisionado para el asunto de las tierras. Joaquin González, alcalde real de Agüimes, nombrado por el Cabildo. Juan Melián, presbítero (religioso) residente en Juan Grande y apoderado de Amoreto. Fernando del Castillo Olivares, coronel del regimiento de Telde y suegro de Amoreto.

Personajes a favor de los vecinos y de Cristóbal de la Rocha: Fernández Alfonso, Alcalde ordinario de Aguimes (nombrado por el Espicopado) que además fue detenido. Los mandos de las compañías de milicianos: los cinco oficiales de milicia de Agüimes, entre ellos su capitán Antonio de Roxas y su alférez Leonardo Alemán el capitán de la compañía de Ingenio, Gregorio Pérez, y Bartolomé Guedes, creemos que también oficial de Ingenio.

La iglesia y el obispo Lucas Conejero, cuya residencia estaba en Santa Cruz de Tenerife, se pone de parte de los vecinos y el cabildo catedralicio propone que la tierra fuera concedida a los campesinos a los que le prestaría el dinero equivalente a valor del remate abonado por el sargento mayor Amoreto, como posteriormente se hizo.

Otros personajes importantes son el Fiscal Francisco Román, como juez especial, nombrado en un principio para llevar la causa del motín, posteriormente sustituido por el oidor (juez fiscal) Alejandro González de Barcia y el capitán general Jose Antonio de Chaves Osorio.

LAS MILICIAS DEL REGIMIENTO DE TELDE.


Para comprender la reacción de los campesinos, apuntamos unos datos sobre la milicia de Telde a la que pertenecían los amotinados. Un hecho a destacar es que los campesinos se regían por el fuero militar, lo que les daba el privilegio de no ser despojados de sus propiedades por deudas. Esto es muy importante pues los campesinos debían pagar anualmente por la explotación de las tierras realengas un real por fanega, que les había impuesto el Cabildo, hecho que la mayoría incumplía y que fue motivo para la venta de las tierras.

Según Bethencourt Massieu (La Revista del Regimiento de Telde), la defensa de las islas, de gran importancia estratégica, puesto que por ellas pasaban las rutas marítimas que comunicaban todo el Imperio español, eran delegadas en las milicias, constituidas por los canarios a cambio de conservar una serie de privilegios y franquicias. Las milicias estaban formadas por todos los hombres mayores de 16 años capaces de manejar armas, excepto negros, mulatos, borriqueros, arrieros y molineros, principalmente eran campesinos. Disfrutaban por ser milicianos del fuero militar, lo que les permitía gozar de una justicia mucho más laxa que la ordinaria, como por ejemplo, no podían ser despojados de sus propiedades por deudas, más una serie de privilegios. Los oficiales también lo eran de forma gratuita y no profesional, lo que también les permitía gozar de una serie de privilegios. Los cargos eran hereditarios.

Así tenemos que la familia Rocha es propietaria de la fortaleza de Castillo del Romeral, que protege sus salinas y todo el sur. Según los historiadores es la mejor fortaleza y más pertrechada de la época en Canarias.

También los poderosos son nombrados oficiales porque tienen muchos campesinos y hombres a su servicio, que a su vez constituyen las compañías. Un representante de la familia Rocha ostentará generalmente el cargo de teniente coronel del Regimiento (antiguamente sargento mayor), y la familia del Castillo y Ruíz de Vergara tendrán a su representante en el puesto de coronel.

El regimiento de Telde, era mandado por un coronel (anteriormente maestre de campo) y estaba formado por catorce compañías, entre ellas la de Agüimes. Entre las obligaciones de los milicianos estaba el no cobrar ni un maravedí, asistir todos los domingos a hacer instrucción y traer su propio armamento ya que eran muy pocas las armas que enviaba el Rey. El armamento consistía en picas, chuzos (palo con un pico de hierro), rosaderas y hondas, además del lanzamiento de piedras.

En cuanto se declaraba una guerra, lo cual era muy frecuente, los milicianos debían abandonar las labores del campo, los animales y sus casas, en función de los continuos rebatos que eran anunciados por los atalayeros. Cuando se divisaba un barco las milicias debían seguirlo en su recorrido por la costa, para evitar que este atacara. Además el Regimiento de Telde era responsable de toda la costa desde Jinamar hasta Veneguera, con infinidad de playas donde hacer aguadas, descanso o rapiñas, en zonas casi despobladas.

El coronel Nava en la revista que hace al Regimiento en 1758 (La Revista del Regimiento de Telde) describe a los milicianos muy positivamente “… debiendo decir a V.E. ser esta una gente muy propia para la guerra, pues su osadía y gran sufrimiento en toda especie de trabaxos, vniendose tener una talla ventajosa.” Valorando la altura física y el valor de la población, que explican de cierta manera el motín.

En esta revista de 1758 el Regimiento esta mandado por el coronel Nava que estará en el puesto durante seis meses. El Conde de la Vega Grande, que tradicionalmente ejerce el mando, es en ese momento capitán general de Canarias. El Regimiento consta de 11 compañías, entre ellas la del coronel con 343 hombres y la compañía del teniente coronel, segundo al mando del Regimiento, que era mandada, como era tradición por Antonio de la Rocha Bethencourt, con 158 hombres.

Para mayor información sobre la defensa del sur de la isla por aquellos tiempos, ver nuestro artículo LA BATALLA CONTRA LOS FRANCESES EN MASPALOMAS, EN 1685.

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